Jueves, 10 Enero 2013 00:03

EDUCAR Y DISCIPLINAR A NUESTROS HIJOS

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EDUCAR Y DISCIPLINAR A NUESTROS HIJOS

Educar y Disciplinar a Nuestros Hijos

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ENTENDIENDO EL PRIVILEGIO Y NECESIDAD DE LA DISCIPLINA 

Salmo 127:3  “Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre…”
Salmo 128:3  “… y tus hijos como plantas de olivo…”
Salmo 144:12  “sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud…”

¡Que hermosa experiencia es el tener hijos y qué bendición dada por Dios! Sin embargo, ese hermoso y tierno “fruto del vientre” pronto crecerá, y si no lo has educado y disciplinado como se debe, te traerá grandes dolores.

1) ¿QUÉ ENTENDEMOS POR DISCIPLINAR Y POR QUÉ ES IMPORTANTE?
“Dios me libre de castigar a mis niños” escuchamos hace un tiempo decir a una hermana de la iglesia. ¡Dios la libre a ella cuando sus pequeños lleguen a la adolescencia! La disciplina y el castigo son sumamente necesarios y son parte de la educación de nuestros hijos.

Según el diccionario (Pequeño Larrouse) la disciplina es “Un conjunto de leyes o reglamentos que rigen ciertos cuerpos, como la magistratura, la Iglesia, el ejército.” 

Disciplinar es: “Instruir, enseñar, acostumbrarse a la disciplina.” 

Muchas veces se confunde disciplina con castigo. El castigo está incluido en la disciplina, pero disciplinar es sobre todo, enseñar y formar. Podriamos compararlo a una varilla que se pone como guía a un árbol tierno, a fin de que crezca derecho. Es establecer hábitos, bien hacia uno mismo o hacia otros. Decimos por ejemplo: “tengo que ser mas disciplinado para estudiar”. Ser constante, seguir ciertas reglas cada día y cumplirlas. Cuando criamos a los niños, se espera que los disciplinemos de este modo, al enseñarles las cosas básicas de la vida, como lavarse los dientes, bañarse, saludar, ser respetuosos y honestos, estudiar etc. Cuando en el proceso de aprendizaje, ellos no se sujetan a la disciplina, es cuando ejercemos la corrección, o el “castigo”.

Hay que diferenciar entonces dos tipos de disciplina en la educación de los hijos: DISCIPLINA FORMATIVA Y DISCIPLINA CORRECTIVA.

La FORMATIVA, como dijimos, es la enseñanza, la formación y crianza del niño. Poner anticipadamente y dejar claros las reglas y los límites. Establecer una rutina diaria, que formará hábitos en los niños. La DISCIPLINA CORRECTIVA, es posterior y es necesaria usarla cuando el niño no se sujeta a esa disciplina que los padres han establecido. El castigo, que está dentro de la disciplina  correctiva, es la sansión impuesta por la falta. Esta debe ser siempre correctiva y no utilizada como una venganza o desahogo.

Dice el Dr. Dobson: “si uno trae al mundo suficientes bebes, tarde o temprano descubrirá que los seres humanos no tienen nada de sencillos… no importa la edad.”  Dice Dobson: “si usted ha criado solo a hijos complacientes que siempre sonreían y luego se apresuraban a cumplir sus ordenes, entonces tenga cuidado. Es posible que todavía no comprenda la situación”.

Sí, todos los niños están en el proceso de maduréz (como los padres) y por lo tanto tendremos que vernos ante situaciones difíciles y en las que tendremos que usar la disciplina correctiva. Como personas nacidas en pecado, pronto los niños naturalmente tienden a revelarse, a desobedecernos, contradecirnos y probarnos. El castigo es doloroso siempre, sobre todo para la persona que la recibe. Es molestia. La Biblia lo dice: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”
 
La disciplina es fundamental y es parte de la educación. Sin disciplina no hay educación. Toda persona la necesita.

2) LAS ESCRITURAS NOS ENSEÑAN A DISCIPLINAR
Comenzando con la idea de que Dios nos disciplina. Este es un concepto bien claro en las Escrituras. El amó a Israel su pueblo y al mismo tiempo y por ese mismo amor le reprendía, corregía y castigaba. Le comparó a un huerto que tuvo que trabajar, podar y cuidar esmeradamente. Aún así dice que no dió el resultado esperado. Entonces le trató más duramente. Así lo hace también con cada uno de sus hijos.
Salmo 39:11a “Con castigo por el pecado corriges al hombre...”

Hebreos 12:5-11 Da por sentada y alaba la disciplina.
“Y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”.
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

Primero habla que el Senor “disciplina” “castiga” “exhorta” “reprende” y “azota” a sus hijos. Dice que esa disciplina dura y sabia es propia de todo buen padre. Porque: ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? ” Si no nos castigaran no nos trataran como hijos sino como a extraños. No castigamos a quienes no son nuestros hijos. Tampoco esa disciplina les gusta a nuestros hijos como no nos gustaba a nosotros cuando niños, pero al fin traería buenos frutos. Define a la disciplina como un buen ejercicio (verso 11) porque moldea y perfecciona el carácter. La enseñanza que se nos da en este pasaje a los padres es clarísima: ¡Padres, no dejen de disciplinar y corregir a sus hijos porque esto es bueno, tanto para ellos como para ustedes!  Veamos los siguientes pasajes bíblicos que son tan claros y apoyan el castigo a tiempo.

Proverbios 19:18-19  “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo. El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males”.

Proverbios 13:24  “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. “

Proverbios 19:18-19  “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza”

Proverbios 29:17  “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.”

Proverbios 3:11-12  “No menosprecies, hijo mio, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.”

Estos siguientes pasajes son para los hijos, pero están implicitos en ellos la idea de la disciplina y sus beneficios:

Proverbios 13:1  “El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones” 

Proverbios 10:1; 15:20  “El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre”

Proverbios 17:25  “El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz”

Efesios 6:1  “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo”

Colosenses 3:20  “Hijos obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”

No basta con llevarlos a la iglesia. La tarea es de los padres. Somos nosotros los constructores del hogar. 

Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.  “en su camino” significa literalmente “de acuerdo a su inclinacion interior”. Toma la idea de un arco doblado que lleva una flecha. Para formar el carácter de nuestros hijos necesitaremos de la disciplina y el amor.  ¿Cómo lo voy a lograr?

Sí, las Escrituras nos enseñan a “castigar” a nuestros hijos ante la desobediencia y la necedad. Nos enseñan que si de verdad los amamos y deseamos que sean personas de bien, será mejor que les disciplinemos. Veremos más textos en el siguiente punto que nos enseñan cómo es mejor disciplinar.

3) ¿CÓMO ADMINISTRAR LA DISCIPLINA Y EL CASTIGO?

HAGAMOS EL PLANO PRIMERO
Es tarea de los padres la formación integral de los hijos. Dice Tim Kimmel, que si lo comparamos a una contrucción de un edificio. ¿Qué hacemos primero antes de comenzar a construir? ¿Los planos o el edificio? La respuesta es obvia. Los planos son los que nos dan el modelo, la guía para construir. Todo en el edificio está diseñado de antemano. Así debe ser con nuestros hijos. Recuerdo que desde que eramos novios y en los primeros tiempo de casados, solíamos hablar sobre cómo quisieramos que fueran nuestros hijos y cómo los educaríamos. Debemos diseñar un plano para formar el carácter de nuestros hijos. Debemos saber de antemano qué queremos lograr en ellos, y luego formarlos. 

Cuando no tenemos “un plano” o un modelo desde el comienzo, de lo que queremos lograr en ellos, deberemos luego demoler y reconstruir y eso es doloroso, tanto para ellos como para nosotros. Comencemos desde antes de que ellos nazcan, aún desde que estamos en el noviazgo, hablemos sobre la educación que daremos a nuestros futuros hijos. Ponernos de acuerdo como pareja. 

¿En qué nos basamos para ese plano? Cada padre en el mundo para educar y corregir a sus hijos mira como modelo, probablemente la forma en que lo han educado a él mísmo, o lo que ha aprendido en su cultura o lo que bien le parece,  su intuición, pero como cristianos tenemos el modelo en Jesús. Él es el cimiento sobre el cual educarlos. Podríamos decir que, en resumen, educar a un hijo es cuestión de “enseñarle a vivir a la manera de Dios.” Queremos que amen a Dios y a su prójimo, que sean serviciales, respetuosos, humildes, trabajadores, obedientes a los padres y a las autoridades, personas de bien, etc. Bueno, de acuerdo a ese modelo trabajaremos en sus vidas y esto requiere disciplina formativa y correctiva.

NO LE TENGA MIEDO A LA VARA
Muchos dicen: “Ok, acepto lo del castigo. Pero, ¿Es necesario el castigo físico?”   Muchos no pueden aceptar que es bueno y saludable castigar a los hijos de esta manera cuando ellos lo necesitan. Prefieren apañarlos o “hablarles suvemente” para convencerlos de portarse bien. Pero esto no funciona. Las Escrituras se refieren a la vara.

Proverbios 22:15  “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Más la vara de la corrección la alejará de él”

Proverbios 23:13-14  “No rehuses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol”

Proverbios 13:24  “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. “

Proverbios 29:15, 17  “La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”. “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.”

Proverbios 19:18-19  “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo. El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males”.

En este último pasaje se nos habla de “castigo”. Pero sigue diciendo: “mas no se apresure tu alma para destruirlo”. El castigo debe ser inteligente y con el propósito de corrección. El castigo sabio y con amor, educa y endereza el camino del niño y del jóven. No debemos usar de “ira” y “violencia” al castigar. No esta hablando de golpear salvajemente ni indiscriminadamente. ¿Una nalgada a tiempo y bien colocada es violencia? No. ¿Aún la vara? SI.
 
Vemos varias cosas claras:
1)    Castigar con vara no los daña física ni emocionalmente. Mire que no habla de golpear ni maltratar.
2)    Castigar a los hijos es para su propio bien, pues producirá en ellos sabiduría (los alejará de la necedad) y los librará de una vida llena de los males que pudieran llevarlo a la muerte, como por ejemplo: drogas, peleas callejeras, estar involucrado en pandillas, otros vicios, vida sexual descontrolada, vida lejos de Dios.
3)    Castigar a los hijos a tiempo significa bendición para los padres en el futuro. Por el contrario, consentirlos les traerá verguenza, tristeza y dolor. En vez que nuestros hijos nos traigan alegrías y el “santo orgullo” de decir: ¡son nuestros hijos!, tendremos que agachar la la cabeza entristecidos.

Hay dos extremos malos y peligrosos.
1)    Están los que no quieren castigar debidamente a sus niños por
diversos motivos. Porque les da lástima, o porque no quieren herirlos o lastimarlos o aún contrariarlos. Temen dañarlos psicológicamente, que ellos tal vez dejen de amarlos. Otros porque ellos mismos fueron muy castigados y mal castigados en su niñez y ese mal recuerdo y heridas emocionales que les causó ese “mal castigo” no les permite castigar a sus propios hijos. A veces hasta les vemos corregirles con temor, como pidiendoles perdón por reprenderles. Consecuencia: los niños se vuelven consentidos, caprichosos, desobedientes y maleducados. No respetan la autoridad de los padres ni de nadie. Tampoco tienen límites.

2)    Estan lo que los castigan de mala manera. Es el otro extremo. Ya
sea porque es demasiado fuerte, con violencia e ira o porque está fuera de lugar, es injusto y demasiado reiterado. Castigar físicamente o verbalmente por todo, por cualquier insignificancia, No es apropiado. Así llega a provocar ira en el propio niño e inclusive el niño no entiende el porqué de la paliza o tirón de pelo. Esto va trayendo resentimiento y luego rebeldia. O tal vez el castigo es demasiado grande con respecto a la calidad de la desobediencia. Muchas veces el castigo físico u otro tipo de castigo es injusto, por lo anterior o porque el niño no tuvo en realidad la culpa. Por ejemplo, sin averiguar y cersiorarse bien el padre, castiga a uno de los hijos porque “piensa” o le dijeron que molestó a sus hermanitos o hizo esto o aquello, por ejemplo les quitó algun juguete, siendo que esto no es verdad. Pero el padre castiga a la ligera sin haber visto el “delito”. El castigo fuera de lugar es también cuando es dado en frente de otras personas. Esto avergüenza a los niños que ya son un poco más grandecitos y a los adolescentes. Cuando se los reprende frente a otros les trae vergüenza. Consecuencias: se hacen retraidos y timidos a la vez que resentidos y llenos de ira.

Veamos el siguiente texto en cuanto a lo anterior:
Efesios 6:4  “Vosotros padres no provoquéis a ira a vuestros hijos sino criados en disciplina y amonestación del Señor.”

Hay cosas que pueden arreglarse sin necesidad de recurrir al castigo físico. Este debiera ser el último recurso para los padres, cuando el hijo sobre todo ha demostrado ser grosero, o ha desobedecido constantemente a pesar de las advertensias. Es más apropiado el castigo físico para el niño que para el adolescente, porque el niño pequeñito no entenderá con palabras, pero sí comprende la acción del castigo físico. Cuando más grande va siendo el hijo debe ser menos frecuente el castigo físico. En realidad no es cuánto le duela la paliza sino que es la acción es sí lo que le duele mɢs al niño. Ya dijimos que las Escrituras apoyan “la vara”, pero esto no significa “golpes, ni violencia”. ¡No los golpes, ni castigos físicos duros! No los tirones de pelo y golpes en la cabeza, no las patadas y cachetazos. Hay una línea bastante clara entre la “vara bíblica” y “el golpe indiscriminado y violento”. Este último es usado para descargar el enojo de los padres, o porque los han hecho quedar mal.

Creemos que el mejor lugar para el castigo físico son “las nalgas”, y no otro lugar. Algunos psicologos dicen aún que es mejor castigar con “vara”, (cinturón, u otro instrumento) pero no con la mano, porque es con ella que también acariciamos a los niños y que tampoco es bueno pegarles en la cara. Muchas veces cuando acercamos nuestras manos para acariciar su rostro, vemos que ellos la alejan, por temor. Dicen ellos que no es bueno que relacionen las manos con el castigo.

EL ÓRDEN DE LA CORRECCIÓN 
1)    Dejar las reglas claras (disciplina formativa). Que sepan qué se espera de ellos.
2)    Recordarles verbalmente sobre la regla que se ha roto. (si son pequeños preescolares, será necesario hacerlo más reiteradamente, pero no si son escolares).
3)    Volver a corregirles y advertirles que serán castigados si continúan.
4)    Recurrir al castigo.
5)    Mostrarles amor y decirles que les seguimos amando y dejarles claro el por qué del castigo.

Cada padre debe conocer suficiente a sus hijos para saber qué tipo de disciplina es mejor. Esto se logra con la observacion y la experiencia. Si tu ves que la nalgada no hace efecto en tu niño, prueba con dejarlo pensando unos minutos solito en un rincón. Esto último suelen hacer en las escuelas. O tal vez cuando le quitas algo que le gusta mucho, esto sea su peor (o mejor) castigo.

¡NO AMENAZAS!
Sino advertencias. La amenaza generalmente no se cumple y luego ellos ya no les harán caso. Eso nos resta autoridad completamente. No nos mirarán con seriedad.

NO SOBREPROTEGERLOS.
¿Qué clase de adulto quiere lograr? ¿Cómo lo va a lograr? Siga el modelo y construya sobre él.  Si quiere que su hijo sea ordenado y responsable, cuando deja las cosas tiradas le enseñarás a recogerlas y ponerlas en su debido lugar. Esa será la regla de la casa. Cuando no lo hace, entonces necesita recordarle las reglas dos o tres veces, si es pequeño, y si aún no hace caso, tendrá que castigarlo. Si está en edad escolar, no necesita tantos recordatorios. ¡Pero nunca recoja las cosas en lugar del niño, ya sea para evitar problemas o porque si lo hace usted es mas rápido o porque no quiere verle gritar y hacer rabietas! Esto no beneficiará al niño. Tampoco va a ir corriendo a la escuela vez tras vez para llevarle algo que se olvidó. Podría hacerlo alguna vez, pero si eso se repite, es una oportunidad de enseñarle que debe ser responsable con sus cosas. Se trata de no sobreproteger ni apañar. Esto suele ser difícil especialmente para las mamás con los varones y para los papás con sus niñas.
Puede ser difícil no acudir de inmediato al rescate de nuestros hijos cuando han hecho algo mal. Aun cuando sabemos que la disciplina es para su propio bien, todavía puede ser tentador hacer todo por ellos “solo esta vez”. Y solo esta vez, se convierte en costumbre. Pero tenemos que preguntarnos: ¿Estamos realmente ayudándolos a convertirse en personas de carácter?
No les den todo lo que quieran. ¡Sepan decir que no! Aunque lo que ellos pidan no sea malo y usted quisiera darselos, pero por una cuestión de aprendizaje y formación de carácter es importante para los hijos saber que no todo lo que deseen en la vida lo tendrán. Si así no lo hacemos, están en peligro de ser los futuros delincuentes. Esto en un extremo, pero también hay otras consecuencias como el ser adultos caprichosos con los que nadie les gusta estar. ¡No quiero eso para mis hijos!
 
DEJAR BIEN CLAROS LOS LÍMITES Y LAS CONSECUENCIAS..
Digales qué se espera de ellos, y las consecuencias de su desobediencia y mal comportamiento. Explíqueles también los beneficios de hacer lo que se les pide, y de portarse bien y los perjuicios ahora y en el futuro, de portarse mal. En Deuteronomio 28  Dios habla a Israel sobre las bendiciones de la obediencia de los mandamientos que anteriormente él les había puesto bien en claro. Dios dijo al pueblo reiteradamente qué es lo que él esperaba de ellos. No tenían excusa de pecar por ignorancia. No hicieron caso, y finalmente el castigo (disciplina) de Dios se cumplió. En Deuteronomio 29 habla de las consecuencias de la desobediencia. 

CUMPLIR EL CASTIGO Y MANTENERLO.
Cuando decimos: “te vas a quedar sin television por dos días”, cumplir lo que decimos. No volvernos atrás, aún cuando el niño se muestre arrepentido y nos diga que lo perdonemos, que no lo hará mas. Podría haber momentos en que consideremos que vale la pena volvernos atrás y quitar el castigo, pero no siempre es conveniente. Si lo hacemos así, ellos no aprenderán la lección. Cuando quitamos el castigo o lo hacemos más leve, será claro que es una advertencia más firme, pero si vuelve el niño o jóven con la misma infracción, entonces el castigo debe ser firme y no quitarse de ninguna manera, aunque aceptamos el pedido de perdón. le decíamos a nuestros hijos: “te perdonamos, pero el castigo se mantiene”. Tampoco se puede admitir que cuando uno de los padres emite el castigo, el otro “lo reboque”, contradiciendo a su esposo/a. Grave error que los hijos lo captan con astucia y se valdrán de él en el futuro.

PONERSE DE ACUERDO DE ANTEMANO COMO PADRES SOBRE CÓMO Y CUANDO DISCIPLINAR.
Es una tarea en equipo, no de uno solo de los padres. Esto es importante para no contradecirse delante de los hijos. Que ellos nos vean unidos y con un mismo propósito. Esto les dará seguridad a ellos y la disciplina tendrá más sentido y efecto. Si bien a la hora de tomar la última decisión será la cabeza del hogar, el padre, quien tomará las decisiones. Si a la madre no le parece justa la disciplina, debe hablarlo a solas con el esposo, pero nunca delante de ellos. Tampoco hacer gestos. Si cree que no lo puede soportar, es mejor que se vaya a otro lado. Nunca discutan fuerte ni peléen delante de los hijos.

NO DARLES TODOS LOS PORQUES.
No tenemos siempre que explicarles con lujo de detalles el por qué decimos o el por qué hacemos de una cierta manera las cosas. Ellos aprenderán que debe respetar y obedecer la autoridad, aún cuando no entiendan. Aprenderán a aceptar el amor, la disciplina y el actuar de Dios en sus vidas, sin pedirle explicaciones, simplemente confiando en él/ ella.

NO EXAGERAR EL CASTIGO.
No exagerar el castigo es no darle un castigo demasiado duro, ni para su edad ni para el tipo de infracción que cometió. Si uno de los padres es quien está reprendiendo y castigando al niño, que el otro (y demás familiares) no lo hagan, no le sigan reprendiendo o agregandole mas castigo. Pero sí, deben quedarse callados y no contradecir lo que el padre o madre hace. Cuando se lo castiga, explicarle el por qué, las consecuencias de haber desobedecido. Asegurarle que aún lo ama, lo perdona y acepta pero no le gusta sus actitudes de mal comportamiento y desobediencia y que el castigo se mantendrá. En algunas oportunidades podrá levantarse. El Señor nos da el ejemplo de cómo disciplinar. 

MOSTRARLES AMOR: EXPRESIONES VERBALES Y FISICAS DE AFECTO.
Junto con la disciplina física o no, debemos hacer sentir a nuestros hijos que todavía les amamos y que nada que ellos hagan mal hará que dejemos de amarles. Es importante que no se sientan rechazados, sino que sientan que la disciplina es por amor y porque ellos nos interesan. Claro que muchas veces no comprenderán lo que hacemos, pero eso no debe frenarnos en administrar la disciplina. Más adelante lo comprenderán y agradecerán. Así es Dios con nosotros. La disciplina correctiva es para nuestro bien.

NO COMPARAR A LOS HERMANOS.
Es otro de los grandes errores de los padres, tíos y abuelos, que hieren profundamente a los niños y adolescentes. No decirles que ellos son mejores o que son peores que sus hermanos. Ambos son errores. Así producimos personas inseguras, resentidas y temerosas y también producimos malestar y hasta odio entre hermanos. Recordemos siempre que cada hijo es diferente. Y las comparaciones siempre son odiosas.

TENER MOMENTOS DE ESPARCIMIENTO, DIVERSION, RELAX, JUNTOS EN FAMILIA Y A SOLAS CON CADA UNO.
Todo tiempo pasado con el niño es importantísimo. Siéntate en el suelo con el/ella, juega con sus muñecas o autitos. Házlo reír.

APRENDER A ESCUCHAR A LOS HIJOS Y DARLES EL TIEMPO DE CALIDAD Y CANTIDAD QUE ELLOS MERECEN.
Involúcrense en la vida de sus hijos: amigos, escuela, intereses, etc. Cuando sienten que nos interesamos en ellos también nos respetan más y aún reciben mejor el castigo.

MANTENERSE FIRMES ANTE LOS BERRINCHES
¿Es justificado que los padres “también hagan berrinches” ante el mal comportamiento de los hijos? Es decir, que se enojen enfurecidamente, les peguen o maltraten o abusen ya sea física o emocionalmente? NO
“Pero mi enojo es justificado!” dicen algunos padres. Algunos ven como justificado su enojo porque ellos están correctos y los demás no lo están. Pero, decir: ¡este niño me hizo enojar! Implica que circunstancias externas requieren del enojo descontrolado y lo justifica. El padre que dice: el nino “me hizo” enojar, está dando toda la responsabilidad al hijo de la forma en que él es, de su mal carácter. No responden responsablemente por el control de sus propias emociones. Es verdad que en muchos casos los niños o cualquiera sea su edad, están actuando mal, siendo desobedientes o hacen berrinches que nos enfurecen por dentro. Pero responder con furia también (berrinches) no ayuda, por supuesto a nuestros niños a cambiar su conducta, a tomar su propia responsabilidad de manejar su propio enojo. Más bien, ellos tomarán nuestro modelo.
Queridos padres, si ustedes no le perminten a los niños hacer berrinches en casa, nunca lo harán en público. El berrinche es un arma delictiva que tienen los niños (y no tan niños) en su poder para lograr objetivos.

MOTIVARLOS.
Requiere sabiduría saber como responder a los enojos de nuestros hijos. No es suficiente tener la razón y ver los problemas, es necesario ser sabio para resolver los problemas. La verdadera sabiduría sabe cómo responder en una manera que brinda cambios, no revanchas. No solo queremos castigar a nuestros hijos por algo que hicieron mal, pero queremos ayudarles a cambiar sus corazones. El enojo puede revelarles a ellos que algo esta mal, pero rara vez ayudará a hacer un cambio en ellos. Cuando tu identificas un mal comportamiento, es el momento de considerar cómo motivarlos a cambiar ese comportamiento.

4) CÓMO DISCIPLINAR A LOS ADOLESCENTES 
La adolescencia: etapa más tormentosa y dolorosa de la vida, sobre todo para ellos mismos, pero también para los padres. Hay rápidos cambios físicos, emocionales y mentales. Los trece y catorce años parecen ser los más tormentosos y difíciles. Un período de rebeldía, desafío, desconfianza en sí mismo y sentimientos de inferioridad. Tiempo de grandes presiones sociales. Depende mucho de la acepatación del grupo de sus compañeros de escuela y amigos. Ante la menor evidencia de burla y rechazo se sienten fracazados y tontos. Vale la pena, hacer un punto aparte en la forma de disciplinar al adolescente. Por supuesto que todo lo anterior es válido para ellos, pero agregaremos lo siguiente:

LA IMAPORTANCIA DE TRATALOS CON RESPETO.
Ellos necesitan sentirse respetados. Cuando tu lo haces, podrás lograr lo que quieras. Podrás imponerles toda clase de disciplina estricta si les tratas con respeto. Dice el Dr. Dobson sobre esto, que cuando el fue profesor en la secundaria, se ganó primero la amistad de los alumnos. El dice: “fui duro con ellos, especialmente cuando me desafiaban, pero jamas fui descortes, ofensivo o desconsiderado. Defendi al más débil, y con tenacidad traté de ayudar a desarrollar la confianza y la autoestima de cada niño. Sin embargo, nunca comprometí mis normas de conducta. Cada día, los alumnos escuchaban mis clases sin hablar. No mascaban chicle, no se comportaban irrespetuosamente. Evidentemente, yo era el capitán del barco.”

Podemos ver una combinación de bondad y disciplina. Dice Dobson:”si usted puede comunicar esa clase de respeto a sus hijos adolescentes que se sienten oprimidos y agobiados, entonces muchos de los problemas característicos de la disciplina en esa etapa de la vida pueden ser evitados.”

HABLE CON ELLOS Y ESTABLEZCA LOS LIMITES.
Habrá momentos en que nos resultará muy difícil razonar con un adolescente. Veremos que no nos comprende, ni nosotros a ellos. Comunicarse con nuestro adolescente en este tiempo es muy difícil, pero no por eso podemos abandonar el esfuerzo, porque comunicarse es lo más importante. Cuando ellos están enojados es aún mucho mas complicado. No tiene sentido entrar en guerra con ellos, gritar, amenazar y actuar con frustración.
Lo mejor es hablar con ellos en un momento de calma y explicarle acerca de sus cambios como adolescente explicandole con claridad y amor que lo que está viviendo es algo normal. Él quiere ser independiente pero aún no puede serlo. Explicarle el sentido que tiene nuestra disciplina. Sería mejor invitarlo a comer afuera y hablar con tranquilidad. Explicarle de las consecuencias de la falta de disciplina y la contemplación (dejarle hacer lo que quiere) y de los límites claros que se necesita poner. Dejarle saber que podrá expresar libremente sus opiniones pero con respeto. Debemos hablarle acerca de los puntos en los que no cederán nunca (las reglas) como padres. Aunque haga rabietas, no cederán. (¡Y por favor, no ceda!) Necesitamos dejarle en claro que seremos amorosos y comunicativos y aun a veces flexibles con el, pero al mismo tiempo seremos firmes.

Cuando nos abrimos así a nuestros hijos y les hablamos claramente y con tranquilidad y firmeza, ellos podrán muchas veces abrirse también a nosotros y tal vez comiencen a decirnos muchas cosas que hay en su corazón. Si el muchacho es orgulloso y desafiante, tal vez se quede con la cabeza baja, inmóvil. Pero lo importante de toda esta charla es que las cartas fueron puestas sobre la mesa, es decir, la intención de los padres fue explicada y las reglas establecidas. Esto siempre da resultado a la corta o la larga.

Es inútil estar gritándoles, enfureciendonos, y sermoneandolos cada vez que rompen reglas, y lo peor aún, amenzándolos sin luego cumplir el castigo.
Es más sabio establecer las reglas con firmeza y que cuando estas se rompen venga el castigo, y mantenerlas. Así, los resultados serán grandes. Los gritos no nos dan más autoridad, ni las malas contestaciones y ofensas tampoco, sino al contrario, perderemos el respeto y admiración de ellos.

NO ES TIEMPO PARA CASTIGO FISICO (NALGADAS).
Cualquier tipo de castigo físico, como las nalgadas, no es efectivo en esta etapa. Puede traer más rebeldía porque los hace sentir como niños. Pero quitarles los privilegios es un castigo más efectivo. Creemos que si desde pequeñitos se ha ejercido una buena disciplina, y sobre todo una hermosa relación de amor y cuidado, a estas alturas de la adolescencia no se necesitará demasiado trabajo, como decía el Dr. Dobson. Todo será más tranquilo, aunque sabemos que la pubertad en sí hará sus “daños” de alguna manera.
CONFIANZA EN DIOS PARA DISCIPLINARLOS
Dios tiene un plan perfecto para la vida de tus hijos,  Salmo 37:23  “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y el aprueba su camino”. Ese plan implica la disciplina misericordiosa necesaria para convertirlos en los hombres y las mujeres que Dios ha querido que sean. Proverbios 3.12 “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.”

Aún las cosas más difíciles que soporten sus hijos, ya sea por culpa de ellos o de otras personas, pueden ser utilizadas maravillosamente por Dios para revelar su gloria y desarrollar el carácter de ellos. Romanos 8.28  “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.
Carolina, se enfrentó con una pesadilla cuando su hijo fue arrestado por tráfico de drogas. “El saber que mi hijo iría a la cárcel, ha sido uno de los golpes de la vida que me ha hecho sentir más abatida”, recuerda. “Al comienzo, mi esposo y yo nos mantuvimos fuertes, sabiendo que habíamos dedicado nuestro hijo a Dios. Pero a medida que pasaba el tiempo y sus perspectivas se veían peor, sentí que mi fe no era suficiente”.
Carolina decidió que tenía que salvar a su hijo, pero cuando éste recibió una sentencia de diez años, se vino abajo. “Entonces Dios me abrió los ojos, y me di cuenta de que mi hijo estaba vivo. Fue entonces cuando se lo entregué realmente al Señor”. Carolina ve ahora la gracia de Dios en la situación de su hijo. “Me doy cuenta ahora de que si hubiera podido encontrar la manera de lograr que lo pusieran en libertad, él probablemente no estaría vivo hoy. Al pensar en todo lo que estuvo metido, la cárcel le salvó la vida.” A veces pensamos que somos nosotros los únicos que podemos hacer lo que se necesita. Dios tiene que recordarnos que Él tiene el control, y es mucho más capaz que nosotros para proteger a nuestros hijos”.
Necesitamos orar y orar constantemente pidiendo a Dios sabiduría para la crianza y disciplina de los hijos que Él nos ha dado y dejarnos guiar por Él.

Frecuentemente los padres se sienten frustrados y sienten que estan haciendo mal la tarea de padres. A la hora de educar a los hijos siempre experimentamos frustraciones. Es algo normal. Nadie nace sabiendo todo sobre cómo educar a los niños y adolescentes. Es en el transcurso del camino con ellos que aprendemos, y sobre todo con el primer hijo pero lo más importante, necesitamos confiar en Dios a la hora de disciplinarlos y pedir su sabiduría.

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